GAY HORROR WEB SHOW
Del armario al cuarto oscuro
No he sido el primero ni tampoco seré el último que salió del armario para meterse en un cuarto oscuro. Se cambia una forma de invisibilidad por otra, aunque debo admitir que esta última resulta más entretenida, se puede incluso jugar a la gallinita ciega, si bien sería más acertado llamarla la gallinita oncóloga, por su destreza para encontrar bultos.
Pero dejemos a un lado a las gallinas y quedémonos solo con sus plumas, que es, después de todo, lo que me ha llevado a crear este sitio. ¿No os ha pasado nunca a vosotros, queridos lectores, que antes de salir de casa para acudir a una cita o a una entrevista de trabajo habéis sentido la imperiosa necesidad de soltar un par de plumas estrepitosas? ¿Es que acaso nunca os habéis tenido que levantar de la mesa, durante una cena en familia o una comida de negocios, para correr al baño a liberaros de una pluma que os estaba oprimiendo la garganta? Porque sí, amigos, las plumas son como los gases, si los reprimes, se te acaban escapando en el momento más inoportuno y de la forma más atronadora. Pero, parémonos a pensar, ¿por qué reprimimos las plumas?
En la página Memorias, trataré este tema con más detalle, ahora sólo quiero recordar lo habitual que es, lamentablemente, que un gay, desde la más tierna infancia, aprenda a esconder gestos y tonos de voz porque hay siempre a su alrededor mil dedos dispuestos a señalarle con desprecio. Al pequeño mariquita no le queda más remedio que meterse en el armario mientras va aprendiendo, de manera afectada, nuevos gestos a lo John Wayne y ensayando una voz cavernosa que para sí hubiese querido Christopher Lee cuando hacía de Drácula. (Creo que estoy dando demasiadas pistas sobre mi edad, nadie con menos de 30 años sabe quiénes son estos actores… Claro, que tal y como está el panorama cultural no me sorprendería que tampoco supieran quién es Drácula). A lo que iba, el gay de marras, tras años de aprendizaje, llega a la adolescencia convertido en algo parecido a un camionero turco borracho de cazalla o al mismísimo desvirgador de Oklahoma, si existiese.
Yo mismo viví ese proceso y aunque no es éste el momento de contarlo, diré que cuando por fin llegué al ambiente gay (a la envidiable y absurda edad de 18 años) llevaba dentro, reprimida, más pluma de la que se podría recoger tras una batalla de almohadas entre mil universitarias californianas, todas de nombre Kimberly (excepto Beverly, de quien hablaré en otro momento). Total, que viéndome al fin entre gays, creí estar fuera del armario y, como quien exhala un suspiro de alivio, solté una tímida pluma. ¡Quién me mandaría! Al momento me vino a las mientes algo que oí en una película, no me preguntéis cuála (el cuála es un guiño a los de condición burra, que sé que abundan)… A lo que iba, me acordé de aquella frase que decía que a nadie molesta tanto la tos de un tuberculoso como a un tuberculoso sin tos y comprendí que debía volver al armario, pero esta vez a un armario nuevo, empotrado en pleno corazón del ambiente gay.
Pronto aprendí algo más, que muchos gays viven su condición como algo meramente
sexual, que no implica sentimientos ni afectos pues los dejan bien escondidos en
lo más profundo de ese armario del que dicen haber sa
lido, hacen de su vida un gran
y diáfano cuarto oscuro, por más que luego se suban en calzoncillos a una carroza
para reivindicar su derecho a seguir subiéndose en calzoncillos a carrozas. Pero
de esto, me temo, tampoco es momento de hablar, que, a fin de cuentas, ahora sólo
pretendía explicar el por qué de esta web. (¡Aaay! Quién me lo iba a decir a mí de
niño que un día usaría palabras como web, a mí, que me crié en un mundo donde la
tecnología estaba tan en pañales que lo más parecido a una fotocopia era la Sábana
Santa o el Pañolón de Oviedo).
En conclusión, por que no descubrieran los heteros que era marica o para que no me vieran demasiado marica los gays, me he pasado más de media vida sin soltar una triste pluma, tanto es así que, hoy en día, mi rudeza es tal que más de una anciana cruza despavorida la calle cuando me ve venir por la acera, y no me refiero a la de enfrente, que en esa me toman por un intruso por mis maneras poco refinadas y algo chabacanas. Pero la verdad es que, bajo este aspecto masculino y tosco, bulle un universo de plumas que busca expandirse y que, en algún modo, he de canalizar y dar salida pues es bien sabido que el agua estanca se pudre, fermenta y se convierte en veneno si no se la deja correr. Es éste y no otro el objetivo que persigo con esta web: Abrir un poco el armario (o el cuarto oscuro, que lo mismo da) para que se ventile y dejar que salgan las plumas que lo llenan y que ya casi no me dejan respirar.
Debo confesar que no estoy aún muy convencido con el título que le he puesto a
la web y en vista de que, cada cuatro o cinco horas (como si de una toma de antibióticos
se tratara), se me ocurre uno nuevo, quizá decida abrir una página para títulos alternativos,
así combatiré esta desazón permanente y este come-
En la página de títulos alternativos, podría ir poniendo aquellos títulos que se me ocurran y que, pasadas unas horas, sigan en mi memoria. Un período de cuarentena es necesario, de lo contrario, y consciente de mi carácter compulsivo y obsesivo, no haría otra cosa que escribir títulos, (en orden alfabético, por supuesto) y esto se convertiría en una web de títulos para webs gays.
(Seguramente, ya habréis notado que no sé escribir sin abrir un paréntesis tras otro, ¡me fascinan!, incluso meto unos dentro de otros, como esas pequeñas cajas chinas lacadas o como las muñecas rusas llamadas matrioscas. Para quien quiera un símil más original, ahí va éste: Como un sanbernardo que se hubiera comido a un dalmata y este, a su vez, a un chihuahua que estuviese digiriendo a su propio cachorro. (Me estoy liando, no sé cuántos paréntesis tengo que cerrar... Un momento, que cuento.... Sí, dos)).
Pero claro, el hecho de crear un espacio para títulos alternativos no significaría que me fuera a quedar tranquilo, pues comenzaría una nueva y corrosiva incertidumbre: ¿Debería poner los títulos en orden alfabético, cronológico, de tamaño, ... ? Y ya me veo en la cama a las cuatro de la mañana, con los ojos como sartenes e inyectados en sangre, pensando en largas listas de títulos ordenados de mil maneras distintas. Quería aclarar esto que, si bien no tiene ninguna importancia para el lector, sí que la tiene para mí, pues no soportaría que se pensara que sólo busco mi propia tranquilidad y dormir más y mejor. De mí se pueden decir muchas cosas, y de hecho se dicen, pero nunca se podrá decir que soy una persona autocomplaciente, cómoda, despreocupada, displicente, indiferente, indolente ... (No pongo etcétera, para no romper una vez más el orden alfabético, aunque esta vez no lo había anunciado ¡¡Sorpresa!!).
En fin, sacrifico cientos de reflexiones interesantísssimas (por favor, pronúnciense clara y decididamente las tres eses, hasta vaciar de aire los pulmones) para daros un respiro y que podáis pasar de página. (Quizá tenga que abrir una nueva web para dar espacio a las reflexiones sacrificadas...). También va siendo hora de que deje descansar estos ojazos, que los tengo rojos como brasas de tanto ordenador. Como aún no sé si abriré la página de títulos alternativos, los iré poniendo aquí. De momento, y al ser sólo uno, el orden es indiferente, es más: todos los órdenes son posibles. Ahí va:
1. Id y divulgad mi palabra (y, de paso, me compráis el periódico y el pan).
¡Horror! Hay otros posibles títulos que me persiguen desde hace horas y a los que no consigo dar esquinazo... ¿Cómo ordenarlos respecto al anterior? Puesto que me llevará tiempo decidirlo, por el momento, los pondré como número 2 y 3, que implica menos premeditación por mi parte.
2. El perro o ladra o muerde, las dos cosas al mismo tiempo no puede.
3. Libro de viajes a lomos de mi chaise-
Por cierto, bienvenidos al Gay Horror Web Show...
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Al igual que le sucedía a tantos gays en aquellos tiempos, también nuestro autor ensayó distintas fórmulas de ocultamiento y trató de engañarse a sí mismo y a los demás negando una vez tras otra su propia naturaleza, como se cuenta en la galería de imágenes a la izquierda. Para leer los textos basta con pasar el cursor sobre cada imagen o sobre las miniaturas.
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P.C.